El duelo es una aflicción común conocida así por tu psicóloga Málaga ya que más tarde o más temprano la mayoría de nosotros sufriremos la pérdida de un ser querido. Lo cierto es que no siempre estamos pensando o hablando acerca de la muerte, por lo que no tenemos la oportunidad de saber más acerca del duelo (qué se siente, qué es lo que se debe hacer, qué es “normal”) y cómo sufrirlo. A pesar de ello, debemos hacerle frente cuando se presenta esta dolorosa circunstancia.

A continuación  facilitamos información sobre algunas formas de afrontar una pérdida, su proceso y las ayudas disponibles.

A menudo el duelo se experimenta en diferentes etapas y emociones durante el proceso. Aunque todos somos distintos, los sentimientos que experimentamos son similares, aunque la verdad es que en distintos períodos y no con la misma intensidad. No existe una “forma correcta” o un orden o período “correcto” para este proceso.

El duelo se experimenta después de la pérdida de alguien a quien hemos conocido durante un tiempo, aunque las personas que han sufrido un aborto o han perdido a un bebé sufren experiencias o duelo similares y necesitan las mismas clases de cuidados y consideraciones.

Durante las breves horas o días después de la muerte de un pariente  o amigo, la mayoría de las personas sufren una especie de aturdimiento, como si no creyeran lo que ha sucedido. Esta insensibilidad emocional puede ayudar a llevar a cabo trámites prácticos importantes que deben realizarse, como ponerse en contacto con parientes y organizar el funeral. Sin embargo, este sentimiento de irrealidad puede convertirse en un problema si dura demasiado. Ver el cuerpo de la persona fallecida puede, para algunos, ser el detonante que le ponga en contacto con el mundo real. De forma similar, para muchas otras personas, los servicios funerarios pueden activar lo que ha sucedido en realidad. Puede ser terriblemente penoso ver el cuerpo o asistir al funeral, pero son formas de decir “adiós” a aquellos a quienes amamos. Estos eventos pueden parecer tan dolorosos que quizá incluso quieran evitarse, aunque ello, a la larga, origina un profundo sentimiento de aflicción en años posteriores.

Muy pronto desaparece esta sensación de aturdimiento y puede sustituirse por sentimiento pavoroso de agitación por la falta de la persona fallecida y deseo de encontrarse con ella, aunque claramente es imposible. Ello hace muy difícil la concentración o relax y dificulta el conseguir un sueño reparador. Éstos pueden ser francamente perturbadores. Algunas personas sienten que “ven” a sus seres queridos en todos los lugares adonde van –en la calle, el parque, cerca de la casa, en lugares donde han estado juntos. También suelen sentirse enfadados –con los doctores y enfermeras que no evitaron la muerte, con los amigos y parientes que no hicieron suficiente o incluso con la persona que les ha dejado.

 Proceso de duelo no resuelto
Existen personas que no demuestran su pena en absoluto. No lloran durante el funeral, evitan mencionar su pérdida y retornan a su vida normal remarcablemente calmados. Esta es su forma normal de tratar con la pérdida sin resultados perturbadores. Pero otras personas pueden sufrir síntomas físicos poco usuales o repetidos episodios de depresión durante los años siguientes.

Algunas quizá no tienen la oportunidad de vivir su duelo de forma apropiada. Las demandas de cuidado de una familia o de los negocios pueden requerir el tiempo que no tienen para ello.

En ocasiones, el problema radica en que la pérdida no es tenida como “duelo” propiamente dicho. Sucede a menudo, pero no siempre, a aquellos que han tenido periodos de depresión.

Algunos pueden sentirse muy enganchados al sufrimiento y ese primer sentimiento de apego y de no creer lo que ha ocurrido puede ir aumentando durante años, en los que el sufridor todavía no cree que la persona querida haya muerto. Otros, son incapaces de seguir su vida sin pensar en otra cosa, a menudo haciendo de su habitación una especie de altar en su memoria.

En ocasiones, la depresión que se apodera de la persona puede agudizarse hasta el extremo de negarse a comer y beber y en la aparición de pensamientos suicidas.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Quizá es posible que aparezcan trastornos del sueño que se pueden alargar por mucho tiempo llegando a representar un problema serio; si la depresión se agrava, afectando al apetito, energía y sueño y si la depresión no mejora desarrollándose un duelo no resuelto, quizá se requerirá la ayuda de un profesional.

El objeto de atención clínica es una reacción a la muerte de una persona querida. Como parte de su reacción de pérdida, algunos individuos afligidos presentan síntomas característicos de un episodio de depresión mayor (p. ej., sentimientos de tristeza y síntomas asociados como insomnio, anorexia y pérdida de peso). La persona con duelo valora el estado de ánimo depresivo como “normal”, aunque puede buscar ayuda profesional para aliviar los síntomas asociados como el insomnio y la anorexia. La duración y la expresión de un duelo “normal” varía considerablemente entre los diferentes grupos culturales. El diagnóstico de trastorno depresivo mayor no está indicado a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo “normal” puede ser útil para diferenciar el duelo del episodio depresivo mayor. Entre aquellos se incluyen:
1. la culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el superviviente en el momento de morir la persona querida.
2. pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
3. preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
4. inhibición psicomotora acusada.
5. deterioro funcional acusado y prolongado.
6. experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.

En resumen,

Algunos pueden sentirse muy enganchados al sufrimiento y ese primer sentimiento de apego y de no creer lo que ha ocurrido puede ir aumentando durante años, en los que el sufridor todavía no cree que la persona querida haya muerto. Otros, son incapaces de seguir su vida sin pensar en otra cosa, a menudo haciendo de su habitación una especie de altar en su memoria.

En ocasiones, la depresión que se apodera de la persona puede agudizarse hasta el extremo de negarse a comer y beber y en la aparición de pensamientos suicidas.

El Duelo
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