Mucho se habla del mindfulness como un tipo de meditación en pleno auge, pero no tanto se sabe sobre qué puede hacer por los más pequeños. Por ello, en este artículo te contamos que es mindfulness para niños y cómo puede enriquecer su vida. Además, te aportamos algunas ideas para que puedas incorporar este singular modo de meditar a la rutina diaria de los peques que te rodean.

Qué es el mindfulness para niños

La atención plena, atención consciente o mindfulness es un estado mental. Resulta arduo traducirlo al español y en palabras, pero es algo así como un modo de estar presente en el mundo: en el aquí y en el ahora. Esto que parece obvio no lo es. ¿Por qué? Es sabido que la mente humana pivotea entre el pasado y el futuro, entre aquello que ocurrió en la infancia y el posible ascenso laboral del próximo año. Y, en consecuencia, a la cabeza le cuesta mantenerse en el hoy con todo lo que ello implica: saborear la intensidad del café de la mañana, brindar una escucha atenta a esa amiga que te pide un consejo o conectar cien por cien con el abrazo de uno de tus hijos. En resumen: vivir en modo presente es un desafío diario a cualquier edad.

Claro que los niños lo tienen más fácil. Cuando juegan despliegan su imaginación y su creatividad dejando que el tiempo fluya. Ellos no están todavía tan interesados en el ayer o el mañana. Por esa razón, pueden pasarse un buen rato (dependiendo de la edad) admirando a una hormiga viajera o armando torres con sus bloques de madera sin preocuparse por si ello es útil o si proporcionará algún beneficio adicional.

Sin embargo, en los últimos años preocupa a padres y maestros el aumento de casos de estrés, ansiedad y hasta depresión en la niñez. La vida corre a toda velocidad y los menores de la casa también sufren las consecuencias desarrollando síntomas. En este contexto, el mindfulness puede hacer mucho por ellos.

Ventajas de la atención plena en la infancia

Son múltiples los beneficios que la práctica de la atención consciente puede proporcionar a la vida de niños de tres, cinco o siete años. Algunos de ellos son:

  • Pone en equilibrio (en eje) mente y cuerpo.
  • Ayuda a los peques a desarrollar la aceptación, la tolerancia a la frustración y la gestión (positiva) de sus emociones.
  • Les enseña a relajarse y a controlar sus niveles de estrés.
  • Les ayuda a afrontar, con menos nervios, algunas situaciones que generan ansiedad (la llegada de un hermanito, la convivencia en la guardería o los primeros exámenes escolares).
  • Mejora la concentración y aumenta la empatía y la solidaridad entre pares.
  • Les ayuda a superar situaciones especialmente traumáticas en la infancia (la muerte de una mascota, una mudanza o un cambio de escuela).

¿Por qué el mindfulness para niños?

Simplemente, porque su mundo emocional requiere mucha atención y cuidado y, en este sentido, la atención plena es una práctica facilitadora de la gestión de las emociones, el control del estrés y el manejo de situaciones que requieren de recursos o herramientas de un psicólogo infantil determinadas. Para que lo entiendas: un niño necesita sentirse valioso y capaz de expresar sus ideas y emociones entre pares y con adultos. Y para poder hacer esto último, por ejemplo, requiere de la suficiente seguridad en sí mismo que le permita alzar la voz sorteando las barreras que impone la diferencia de edad. Dedicar un rato al día a aprender a estar en el presente contribuye a disminuir los niveles de ansiedad que surgen en tales circunstancias y que no pocas veces impiden que los niños se sientan capaces y fuertes para hacer ciertas cosas.

Es importante que, desde edades tempranas, nuestros niños comprendan y valoren la importancia de hacer una pausa. De un stop en el camino. Se vive con la idea errónea de que frenar es estancarse, y no hay nada más alejado de ello. Destinar algunos minutos de nuestra mañana a relajar la mente ayuda a volver a las tareas cotidianas (el juego, el paseo por el parque o el dibujo, en el caso de los peques) con una actitud renovada y mucho más positiva.

El mindfulness proporciona a los niños un espacio y un tiempo seguros para relajar el cuerpo y la mente. Un contexto en el cual está permitido mostrarse auténtico, expresar lo que se piensa y se siente y reflexionar antes de actuar. Esto, que no es muy propio de los más chicos, es posible si se les ofrece la posibilidad de explorar su mundo emocional y descubrir que se pueden hacer muchas cosas buenas incluso partiendo de pensamientos negativos («no sé hacer esto o lo otro») o situaciones adversas (una baja calificación en un examen).

Cómo explicar mindfulness a los niños

Los peques son como esponjas, por lo que absorben todo rápidamente y sin mucha vuelta, a diferencia de los adultos que le buscamos «la quinta pata al gato». Más que explicar a los niños en qué consiste la práctica de la atención plena hay que presentarles la meditación como un juego más. Porque hay que decirlo: ¡es divertido! No hay pequeño que no se sienta atraído por la posibilidad de escuchar una música atrayente, jugar a cerrar los ojos y visualizar espacios increíbles o experimentar vivencias nuevas. En síntesis, resulta indispensable no presentar mindfulness como una obligación ni mandato, sino más bien como una invitación a una aventura de descubrimiento personal.

Ejercicios de mindfulness para niños: ideas y actividades de mindfulness

Aquí compartimos contigo algunas recomendaciones sobre cómo iniciar la práctica de mindfulnesscon tus hijos, sobrinos, alumnos o vecinos.

Espacio de la calma

Resulta positivo que proveas a tus hijos o alumnos de un espacio o rincón de la casa o el aula en el cual se pueda pensar y estar en silencio. Sería algo así como un rincón de reflexión; no debería estar asociado a un sitio al que se va porque se ha hecho algo incorrecto. Simplemente, debería destinarse un lugar en su mundo cotidiano en el que los niños puedan sentirse libres de habitar su mente y su cuerpo.

El ejercicio de la uva pasa

Consiste en coger con la mano una uva pasa y, con los ojos abiertos o cerrados, tomarse el tiempo necesario para tocar el objeto y apreciar su pequeñez, textura y demás. Luego, sin prisa, introducirla en la boca y saborearla lentamente. Es un ejercicio muy positivo. Enseña a los más pequeños a comer conscientemente incorporando el color de los alimentos, su sabor único y su textura. Contribuye a que cada cual evalúe cómo cada ingrediente es irrepetible.

Manos enfrentadas

Es un modo de posicionar las manos que es bueno que los niños aprendan cuanto antes. Se enfrentan las manos con cada uno de los cinco dedos tocándose. Es una manera de promover un estado mental asociado a la calma. En momentos de ira, berrinche o nerviosismo es bueno que, como adulto, recuerdes al niño que tengas cerca que poner las manos en determinada posición le ayudará a serenarse. No es magia, es simplemente una manera de poner el cuerpo en eje con la mente. En este caso, las manos enfrentadas y unidas por la punta de los dedos hacen posible que los pensamientos abrumadores se aplaquen poco a poco.

Música de mindfulness para niños

Abundan en Internet las melodías especialmente destinadas a promover la concentración de los niños al meditar. Utiliza alguna en momentos en los que el niño necesite bajar revoluciones. Advertirás que la música calma a las fieras, y que este tipo en particular promueve un estado de ánimo sereno.

Es importante que toda práctica se inicie de manera gradual, es decir, paso a paso y sin apuros. Los niños tienen a su favor que su curiosidad les lleva a experimentar nuevas vivencias con la actitud del aprendiz eterno; este que es aquel que, sin prejuicios ni mandatos, afronta el día a día y no se cansa de incorporar nuevos aprendizajes a su vida cotidiana.

Ahora que sabes de sobra qué es el mindfulness para niños y qué beneficios puede traer la atención plena a su calidad de vida, disponte como adulto a acompañar a tus peques cercanos a descubrir en esta práctica una amplia gama de posibilidades para vivir más plena y saludablemente. Ellos, apenas puedan ponerlo en palabras, te lo agradecerán.

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Publicado por Alejandra Hernández

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga, con Máster en tratamiento psicológico por la Universidad de Málaga, Máster en sexualidad y educación sexual por la Universidad de Huelva. Especialista en Psicoterapia EMDR, psicoterapia sensoriomotriz, terapia cognitivo conductual, y especializada en el tratamiento psicológico del trauma, apego, trastorno obsesivo compulsivo, terapia de pareja y sexual. Actualmente trabaja como psicóloga y directora del centro Hernández Psicólogos.

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