No volverás a ver a tus hijas.
Te quitaré a los niños. 
Te voy a dar donde más te duele. 
Si me dejas te mato.

No, el amor no es eso. El amor no es control. El amor no es prohibición. El amor no son amenazas. El amor no duele. Y en el fondo lo sabes.

Pero resistes, porque quieres creer que cambiará. Que solo ha perdido el control puntualmente. 

Pero te das cuenta de que no lo hará, y tomas la difícil decisión: “nos separamos”. Te alejas. 

Por fin sientes el alivio que siempre buscabas. Y de todo el dolor queda el mejor fruto que podrías imaginar: el amor de tus niñas.

Rehaces tu vida y eso enciende la mecha en su mente. “No volverás a ver a tus hijas, ni a mi”. Una amenaza que se hace real. Y piensas «él no les haría nada malo, es un buen padre«. Unas palabras que buscan reconfortarte, que penden de un hilo, el mismo hilo que te atrapa a esa relación.

Y de repente ocurre, cumple su amenaza. Porque cree que te lo mereces y porque sabe que el dolor te acompañará para siempre. Porque cree que así tú les recordarás. A ellas. Y a él.

10 señales de maltrato psicológico que debes conocer.

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Ayer empatizamos con Beatriz, lloramos, nos llenamos de rabia. Pero solo experimentamos una pequeña parte del dolor que siente una madre cuando les arrebatan a sus hijas.

La violencia machista mata, y siempre hay nombres propios: Beatriz, Anna, Olivia, Rocío, Elena… 

En los últimos dos meses, es preocupante cómo se han incrementado los asesinatos por violencia machista. Casos que nos hace plantearnos la urgencia de proteger a los niños como víctimas directas de la violencia machista, como instrumento y arma arrojadiza contra la mujer.

El caso de Olivia y Anna es un tipo de violencia machista con nombre y apellidos: violencia vicaria. La violencia machista tiene un único objetivo, pero deja un reguero de víctimas a su paso.

Qué es la violencia vicaria

La violencia vicaria o por sustitución es un tipo de violencia contra las mujeres en la que el agresor utiliza a los hijos e hijas como instrumento para hacer daño a la madre o la expareja. 

Este término, acuñado por la psicóloga clínica Sonia Vaccaro, fue incluido en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, firmado en España en 2017.

Se trata de una forma de violencia que, gradualmente, va en aumento. De hecho, se hace más notorio cuando la mujer comunica su decisión de separarse o tras el divorcio, una vez que el agresor consigue la custodia compartida, o en ocasiones plena. 

Te quitaré a los niños” es una amenaza que deja entrever la personalidad de los agresores. Como sabe lo importante que son los niños para ella, amenaza con utilizar a los niños para ponerlos en su contra. Además de dejar claro que, para él, los niños son meros objetos. Objetos arrojadizos en una guerra de poder.

A este tipo de amenazas, por lo general, no se le da la importancia que tienen. 

En los casos más graves de la violencia vicaria se produce el asesinato. Y hay un patrón. Todos los individuos avisaron antes “Te quitaré lo que más quieres” “ya verás lo que te pasa” “te voy a dar donde más te duele”, o como el caso de Tenerife, “no volverás a ver a las niñas”.

No es un loco, no es un asesino en serie, es la cara del machismo, de un hombre que no tolera la libertad de la mujer, su igualdad. No es una patología psicológica. Son sexistas y narcisistas extremos que no admiten que ha habido un divorcio, que su pareja no quiera estar con él o que haya rehecho su vida.

Manipulación emocional, qué hacer al respecto.

Cómo identificar la violencia vicaria

El Ministerio de Igualdad enumera varias señales para detectar la violencia vicaria:

  • El agresor utiliza a los hijos/as para dañar a la madre o expareja, amenaza con quitárselos o con que no los verá más.
  • Amenaza con matarlos.
  • Interrumpe los tratamientos médicos de los hijos e hijas cuando están con él.
  • Habla mal de la madre o expareja y la familia de esta en presencia de los hijos.

Desde el equipo de Herández Psicólogos Málaga queremos mostrar nuestra repulsa hacia la violencia. Hacia todos los tipos de violencia y, en especial, hacia la violencia machista y la violencia vicaria. La violencia que se disfraza de amor.

Todos somos Ana y Oliva. Todos somos Rocío Caíz. Todos somos Elena Livigni. Hoy todos somos una parte de todas esas mujeres que un día vieron su vida arrebatada porque alguien se tomó el privilegio de hacerlo.

Porque nos queremos vivas, porque nos queremos libres.

No estás sola. Teléfono nacional de atención a la violencia de género: 📞 016

Publicado por Alejandra Hernández

Licenciada en psicología por la Universidad de Málaga, con Máster en tratamiento psicológico por la Universidad de Málaga, Máster en sexualidad y educación sexual por la Universidad de Huelva. Especialista en Psicoterapia EMDR, psicoterapia sensoriomotriz, terapia cognitivo conductual, y especializada en el tratamiento psicológico del trauma, apego, trastorno obsesivo compulsivo, terapia de pareja y sexual. Actualmente trabaja como psicóloga y directora del centro Hernández Psicólogos.

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